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Fotografías de la historia de Mar del Plata

Un importante segmento de la historia de la ciudad se despliega en un variado, valioso e ilustrativo conjunto de imágenes, fotos, mapas, pinturas y objetos provenientes del fondo documental y colecciones del Archivo Roberto T. Barili, que conforman la muestra de la historia de la ciudad.

Hotel Bristol Mar del Plata, aproximadamente en el año 1890.



El eje temporal parte de mediados del siglo XIX y finaliza en la primera mitad del siglo XX, desde el saladero al turismo de masas y las industrias livianas atravesando por la “villa balnearia” de la aristocracia porteña. Así se aprecian las primeras muestras de vida y manifestaciones urbanas, la expresión y desarrollo de los diversos grupos sociales en el marco de estructuras arquitectónicas específicas.

También se pueden advertir las diversas incorporaciones tecnológicas y las actividades económicas desplegadas en un espacio geográfico que sustentó todos estos aspectos a lo largo de una centuria.

El antecedente poblacional de la ciudad actual se manifiesta en el desarrollo de actividades económicas de explotación rural impulsadas por el comerciante portugués Pedro Coelho de Meyrelles, Barón de Mauá, acaudalado comerciante que funda en 1856 un saladero, un muelle, viviendas y estructuras funcionales a la nueva actividad económica.

Es así que se comienza a exportar, principalmente al Imperio del Brasil, el “tasajo” (carne vacuna secada al sol, principal ingrediente en la dieta de los trabajadores esclavos).En 1860 las primitivas instalaciones y las tierras pasan a manos del comerciante y terrateniente Patricio Peralta Ramos quien, al impulsar y profundizar la actividad económica, atrae nuevos pobladores y expande el núcleo habitacional: en 1873 se construye en una de las principales lomas la Capilla Santa Cecilia, nombre impuesto en memoria de su esposa Cecilia Robles. El 10 de febrero de 1874, el gobernador Mariano Acosta, reconoce el poblado con el nombre de Mar del Plata.

En 1877, el poderoso influjo multiplicador de Pedro Luro sobre la economía local impulsa un verdadero emporio integrador de las actividades agrícolas y ganaderas con la de servicios: compra y expande el saladero y la grasería, instala un molino harinero, construye un nuevo muelle, edifica barracas, favorece la construcción de viviendas y preside la sociedad de veraneantes que construye el Bristol Hotel

Esta línea de realizaciones, impulsadas por Peralta Ramos y por Pedro Luro y sus hijos, es la cabeza visible de un movimiento más amplio en que se inscribe una importante serie de acontecimientos y realizaciones materiales que marcan la definitiva transformación del primigenio núcleo agropecuario en una ciudad definida por la impronta turística y de bienes y servicios diversificados que se emancipan de la estacionalidad.

La ciudad, cuya historia como ciudad comienza como sede veraniega de los sectores dominantes de la Argentina conservadora paulatinamente se transforma en una población receptora de la clase media para posteriormente consagrar el triunfo del turismo masivo y las industrias de posguerra.

Vista del Paseo General Paz. También pueden observarse el Bristol Hotel, anexo del Club Mar del Plata, la antigua Rambla y el banco Romano.

En 1886, por gestiones del gobernador Dardo Rocha, llega el Ferrocarril del Sud, perteneciente a capitales británicos, que permite a la élite dirigente porteña disfrutar, en su huida de las sofocantes temperaturas veraniegas, de un clima fresco y “estimulante” que, junto con la belleza natural y las comodidades para la vida social, convertirá a Mar del Plata en “el balneario” por antonomasia de la República Argentina.

La incipiente ciudad, que imitará el estilo de los balnearios del atlántico europeo, se convierte en un polo de atracción para centenares de obreros y sus familias, que en desfavorables condiciones laborales, acuden al llamado de la construcción y la generación de riquezas y servicios para “la élite dirigente de la Argentina criolla”.

El lujoso Bristol Hotel, construido para albergar a esos nuevos visitantes, se inaugura con toda pompa y boato el 8 de enero de 1888. La penúltima de las ramblas costeras construida sobre la playa Bristol, que se inaugura el 19 de enero de 1913,con un refinado estilo arquitectónico fue un símbolo de la Belle Epoque.

La rambla y el Hotel Bristol representaron, en arquitectónica sintonía, un suntuoso y eficaz conjunto monumental de tal imponencia, belleza, solidez y elegancia, como nunca más se volvió a ver. Las estructuras balnearias de Playa Grande, ya en funcionamiento desde 1920, establecen su actual estilo racionalista náutico en la década de 1930.

El complejo turístico representa el desplazamiento de las clases acomodadas hacia el sur, movilidad que se verifica con mayor intensidad a partir del incremento de turistas que supuso, en 1938, la inauguración de la Ruta 2. Así también la masificación del transporte ferroviario y de los servicios hoteleros es propiciado por un estado que aumenta su presencia en la sociedad civil.

El Club Mar del Plata, inaugurado en 1908, es otro ámbito privilegiado de interacción de clase, espacio social de reconocimiento y momento para los juegos de azar, donde se destaca el siempre vigente juego de ruleta. En diciembre de 1910, tiempos del primer centenario de la independencia, Mar del Plata cuenta con su segunda estación de trenes: la Estación Sur. El puerto, iniciado en 1911, comienza a funcionar en 1924.

El Golf Club de Playa Grande cuenta desde 1926 con un edificio propio de estilo Tudor que suma aristocrática elegancia al conjunto paisajístico donde sus links proporcionan extensas vistas al mar.

En este privilegiado escenario natural se despliega una extensa línea de fusión entre dos infinitos, entre dos inmensidades, entre dos poderosas magnitudes: punto de encuentro entre el océano Atlántico, el macizo de Tandilia y la llanura pampeana.

Es en este contrapunto de mar y rocas, mar y arena, mar y tierra, acantilados y pampa, donde se representará una singular aventura humana que resultó imán y destino de la clase alta porteña la que encontró, en esta “muy galana costa” (como la nombró Juan de Garay en 1581), una auténtica terapéutica del ocio.

Ingentes traslados veraniegos, inversiones en ferrocarriles y construcciones funcionales a la vida en sociedad relacionadas con el tiempo libre, el encuentro social y el entretenimiento, transforman la estructura del primitivo poblado rural, con sencillos esquemas de vida, en un foco cosmopolita, una Buenos Aires junto al mar. Durante el transcurso de las décadas, con nuevas políticas sociales y económicas, el otrora polo de poder veraniego democratizó su acceso y convirtió en realidad una atesorada ilusión y fantasía de todos los argentinos: veranear en Mar del Plata.

(*): Dr. Docente/Investigador. Facultad de Humanidades UNMdP.

Fuente: La Capital