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Todos a Mar del Plata: el turismo y la gran oportunidad del verano 2019

La industria turística podría ser el primer sector de servicios que se recupere de la crisis

Recorrerán el país muchos argentinos que antes de la devaluación elegían el exterior. Su obligación es cuidar al turista, tanto en precios como en atención.

Los pronósticos indican que este verano será récord en materia de turismo interno. No por mérito propio, claro. Con el dólar a $ 38/40, la clase media le dijo chau (o hasta luego, nunca se sabe) a Punta, Florianópolis, Reñaca y Miami y tratará de acomodarse en Pinamar, Mar del Plata, Córdoba o Bariloche.

El turismo, así, seguramente se convertirá en el primer sector de servicios que repunte tras la crisis. En una economía con números entre rojos y rojísimos (inflación del 45%, 30% de pobreza, ventas de inmuebles similares a las de 2002, 12% de caída en el salario real; bajas en consumo, en industria, en PBI, etc., etc.) el dinero que gasten en la Argentina los turistas este verano puede darles un respiro a unos cuantos: en 2017, la contribución directa o indirecta del sector al empleo fue de 9,8% del total (1.809.000 puestos), según el World Travel & Tourism Council.

Por otra parte, no es menor el aporte que sumarán los visitantes extranjeros. En lo que va del año ya cruzaron la frontera 700.000 brasileños, de acuerdo a datos difundidos en la feria ABAV de San Pablo. En agosto, entraron al país 7,4% más de turistas extranjeros que 12 meses atrás.

Se explica: en enero, Buenos Aires era la 40 ciudad más cara del mundo; hoy, 98% de devaluación del peso mediante, pasó al puesto 40 (datos de la consultora estadounidense Mercer).

En criollo, ahora nos sale caro viajar al exterior y a los extranjeros les sale barato venir al país. Ganancia doble para los locales, que en 2017 gastaron 10.700 millones de dólares en el exterior solamente con sus tarjetas.

Ahora bien, y para no recurrir a impostados cultismos, cabe parafrasear el consejo que el tío Ben le dio a Peter Parker cuando éste se convirtió en Spiderman: toda gran oportunidad conlleva una gran responsabilidad. Esto es, todos los eslabones en la cadena de la industria turística deberían intentar estar a la altura de la chance que la devaluación les presenta.

Desde el dueño de un restaurante del puerto marplatense hasta el trapito de la costanera de Pinamar, pasando por el operador de una excursión al Circuito Chico barilochense y por la vendedora de un local de ropa en Palermo Soho, todos ellos harían bien en cuidar como nunca al turista, sin matarlo con los precios (especialmente) ni destratándolo con los modales.

Escapando de esa fantasía tan argentina que es salvarse en un instante. Entendiendo que lo mejor es que ese turista se sienta tan bien que vuelva el año que viene, que a la larga rinde más un cliente repetido que una golondrina que huye tras pagar $ 500 una milanesa con fritas u $ 8.000 un jean. Bastante deberán lidiar los visitantes con piquetes y pungas como para además cobrarles un ojo de la cara por cualquier cosa.

Por ahora, hubo un buen punto de partida en la Feria Internacional de Turismo 2018, donde pocos días atrás la provincia de Buenos Aires firmó con la Cámara de Turismo bonaerense un acuerdo para sugerir a los prestadores un máximo del 30% de aumento respecto al verano pasado, lo mismo que se estima con los alquileres. Esto es, por debajo de la inflación.

Las condiciones existen. Que quienes puedan las aprovechen, tanto los que buscan ganar un dinero como quienes desean gozar de gastarlo.

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